La de Cundinamarca, la primera de las contralorías territoriales, expresó el Auditor Auxiliar de la República, Rodrigo Tovar García durante la instalación de la jornada de rendición de cuentas.   

   

Bogotá, 18 de junio de 2019. Por primera vez la entidad de vigilancia departamental realizó auditoría a la totalidad de los 289 sujetos de control y a los 816 puntos de control, algunos que en muchos años no habían sido visitados por los funcionarios de la Contraloría,  trazando líneas de trabajo complejas y novedosas, entre las que se destacan las obras inconclusas, política pública de discapacidad e inclusión, seguimiento a los recursos de la salud, actualización catastral, conectividad, planes de alimentación escolar, gestión ambiental, entre otros.

Esta labor se alcanzó con la ejecución de 1.427 auditorías gubernamentales en las modalidades integrales, especiales y de seguimiento, donde se evaluó las gestiones  financiera, contractual, administrativa, presupuestal, los sistemas de control interno y la valoración de costos ambientales.

Además de este ejercicio, que ordena la ley; el contralor Ricardo López Arévalo, dejó el cómodo escritorio en Bogotá y con los equipos de trabajo, recorrió el departamento, llegó a las plazas públicas, las veredas y las inspecciones en un diálogo abierto y sincero con las comunidades para detectar de primera mano la verdadera situación de la gestión fiscal en Cundinamarca.

“Visité los 116 municipios del departamento, en cada uno de ellos palpé y verifiqué, en compañía de los habitantes y en especial de los jóvenes que aceptaron el desafío de desarrollar el control social en sus colegios, los contralores escolares, el clamor frente a las desafueros de las administraciones locales”, expresó el contralor durante la instalación de la Audiencia Pública de Rendición de cuentas que la Contraloría de Cundinamarca realiza en estos momento en el teatro Antonio Nariño de la Gobernación de Cundinamarca.

Los resultados que hoy se dan a conocer en este evento son producto de un trabajo entusiasta, en donde el estilo de liderazgo del contralor López Arévalo, promovió una simbología pedagógica de apropiación y de reproche social, con elementos como el muro de la transparencia, en donde se plasmaron las huellas de las autoridades departamentales, municipales, y de los mismos funcionarios del ente de control, como signo de compromiso con la ciudadanía de cumplimiento de sus deberes públicos.

Otro elemento simbólico asimilado fueron los elefantes blancos y los árboles: “los secos”, la gestión administrativa que no genera bienestar para las comunidades y los “frondosos” la visibilización de las buenas prácticas administrativas en la inversión y ejecución de las obras del departamento.

El gobernador de Cundinamarca resaltó la labor de la Contraloría, en especial la realizada en el sector salud, que permitió un trabajo mancomunado para lograr aspectos como hoy tener la el hospital de La Vega en funcionamiento y con la gran posibilidad de convertirse en una institución del segundo nivel de complejidad.

Es así que después 1.263 días de trabajo, la Contraloría trasciende en su gestión con la convicción que “quien hace las cosas bien… deja huella, el que no… la quiere borrar”.